

MAYO 2009
SEIS BIENAVENTURANZAS PAULINAS
Aunque en las cartas de San Pablo no encontramos una versión de las Bienaventuranzas, vamos a intentar espigar en sus escritos algunos de estos ecos que podríamos llamar “Bienaventuranzas paulinas”.
-Estad alegres: no hay bienaventuranza sin felicidad, sin alegría. La biografía de Pablo está repleta de incomprensiones, zancadillas, persecuciones, pero todo ello no impide que la palabra “alegría” sea una de sus preferidas ( Rm 15,13; 2 Cor 2,3; Gál 5,22; Flp 1,4.25; 1 Tes 1,6; 1 Tes 5,6; Flp 4,4….).
-Estad alegres, los que visitáis, porque seréis visitados: el apóstol Pablo tenía una personalidad atractiva. De ello dan cuenta sus viajes, sus éxitos misioneros y el gran número de colaboradores de que se fue rodeando; su amor y el cariño a las comunidades demostraba una gran cercanía hacia ellas ( 1 Cor 4,14-15; 2 Cor 6,13; Gal 4,15). Un signo de esta preocupación por sus comunidades son las visitas que les hacía (2 Cor 12,14; Rm 15,32; Flp 2,24). Como a Apolo ( 1 Cor 16,12), Pablo nos insiste en la importancia de visitarnos y preocuparnos unos de otros.
-Estad alegres, los que mantenéis el Espíritu porque viviréis de sus frutos: las bienaventuranzas son un lenguaje del Espíritu. Pablo habla de lo que brota de un corazón habitado por el Espíritu: “El fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio de sí” (Gál 5,22-23).
-Estad alegres, los débiles, porque conoceréis la fuerza del Evangelio: Dios salva desde la pobreza y la debilidad; escoge lo que el mundo desprecia, para salvar ( 2 Cor 8,9). La pobreza puede ser signo de Dios en la medida en que se transforma en expresión de libertad y de don ( 2 Cor 6,10; 1 Cor 7,30).
- Estad alegres, los sencillos, porque a vosotros os he elegido: la gratitud es el mejor antídoto contra la vanidad y el camino más seguro hacia la pobreza de espíritu. Y sin esa pobreza de espíritu, ninguna pobreza material y ningún compromiso con los pobres será pobreza evangélica ( 1 Cor 13,1; 1 Cor 1,26-28). Lo más llamativo es que Dios haya elegido, de todos los habitantes de Corinto, a aquellos que parecían menos dotados y dignos de recibir el don del Evangelio. Así es como actúa Dios, hablando a través de los sencillos.
-Estad alegres, los que respondéis al mal con el bien, porque eso es ser cristiano: el creyente está llamado no sólo a querer a los que le quieren, sino a alegrarse de sufrir injusticia ( 1 Cor 6,7). Quien sufre la injusticia no sólo debe perdonar, sino que debe devolver bien por mal. Al mirar al crucificado, las asperezas, persecuciones e injusticias son ocasiones para despojarse de lo que nos sobra y oportunidad para alegrarse de poder hacer vida el salmo 16: “yo digo al Señor: tú eres mi bien; me ha tocado un lote hermoso, me encanta mi heredad”.
Rosario: todos los días a las 19 h. |
Laudes: martes y viernes a las 9; vísperas y exposición: jueves a las 19:15 |
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