LA CUARESMA TIENE MALA PRENSA
La Cuaresma tiene mala prensa. Parece que sea un tiempo de tristeza, de depresión, de privaciones impuestas. Como si después de la fiesta en libertad del Carnaval, la penitencia cuaresmal quisiera compensarlo.
Lo sorprendente es que no sólo suele verse así por quienes están alejados de la comunidad cristiana, sino que también con frecuencia desde dentro de ello tendemos a considerarlo así. No lo vemos como un tiempo de ilusión esperanzada como el Adviento, por ejemplo; sino como un paréntesis sin horizonte. Nos cuesta entender el sentido hondo de este tiempo. Por eso, la apuesta es descubrir la Cuaresma.
Se dice con frecuencia que lo característico de estas semanas es la limosna, la oración y el ayuno, practicados según enseñó Jesús (Mateo 6,1-6.16-18). Y es verdad, pero no toda la verdad. Porque limosna, oración y ayuno están en el nivel de los medios y, en la vida cristiana, lo más importante son los fines; los medios deben ser camino hacia los fines. Por eso, con razón la oración colecta del primer domingo cuaresmal nos señala el fin, el proyecto y desafío básico de estas semanas: avanzar. Avanzar en nuestro conocimiento vivencial del Señor Jesús, avanzar en nuestro modo de vivir su Evangelio,
avanzar en nuestra relación con los demás, sobre todo, con los más desfavorecidos, los más débiles. Así priorizando los fines, hallaremos el sentido de los medios:
- La limosna es dar de lo nuestro a quien lo necesite; dar tiempo (visitar enfermos, personas solas, trabajar en servicios de voluntariado, de acción social o eclesial…) y actuar solidariamente en alguna tarea que ayude a construir una sociedad más justa y fraternal.
- La oración es vivir con más intensidad la relación con Dios. Es buscar momentos tranquilos para el contacto con el Señor; abrir puertas al silencio, a la revisión, a la escucha de la Palabra, a la celebración eucarística…. Oración personal, comunitaria, en familia, en el hogar, en el grupo ….
- El ayuno que significa adquirir libertad, no dejarnos atenazar por gustos o hábitos que quizás no sean del todo malos, pero tampoco son lo mejor (por ejemplo, saber prescindir de un programa de televisión por un rato de conversación – de saber escuchar – a la pareja, a los hijos o padres, a los abuelos…). Ayuno que es también ahorro para dar: ahorro en el comer según la universal práctica religiosa que aquí deberíamos redescubrir y así compartir con quienes ayunan a la fuerza; ahorro también de gastos evitables para dar a los necesitados, ahorro de tiempo para nosotros y así poder dedicarlo a los demás, a la oración , a la contemplación.
Todo esto nos ayudará a escuchar mejor las preguntas y las respuestas que Dios nos hace y nos da. Porque es Cuaresma, tiempo para Dios, tiempo para los demás, tiempo para la conversión.